La Nueva Evangelización a través de los medios de comunicación

Nos ha correspondido vivir en un mundo altamente influenciado por los medios de comunicación. La radio, la televisión, la internet, han hecho que la mayoría de los seres humanos, sobre todo las nuevas generaciones, sean casi dependientes de ellos. La integración en las redes sociales: videoconferencias, videollamadas, correos electrónicos, twitters y otros, han llegado a ser parte indispensable de la vida de los hombres. Increíblemente surgen oportunidades de negocio en las que una persona, a través de una computadora o de un call center, puede ofrecer y vender servicios en el otro lado del mundo, aún sin salir de su casa.

Indudablemente el mundo está cambiando. Los grandes señores de la humanidad que gobiernan imperios económicos, han volcado todos sus esfuerzos en adquirir grandes partidas, de lo que se prevé, será el futuro de la humanidad: tecnología y comunicaciones. Esto nos invita a pensar que también nosotros, la iglesia del Señor, debemos dirigir nuestros esfuerzos a poner el evangelio a disposición de las personas en todos estos espacios. Cabe recordar las palabras de Juan Pablo II en su discurso inaugural para la cuarta conferencia del Episcopado Latinoamericano en el año 1992: “Necesitamos una nueva evangelización: Nueva en sus métodos, nueva en su ardor, nueva en su expresión”. Con estas palabras, el papa nos revelaba la gran preocupación en su corazón por la evangelización de un mundo cambiante.

Cientos de millones de personas, día tras día, consultan las redes sociales tratando muchas veces de llenar, o por lo menos disimular, el vacío de sus corazones; ¡Qué gran oportunidad se nos está presentando al poder hacer brillar la luz de Cristo delante de sus ojos! Porque a través de estas mismas redes sociales, los católicos podemos acercarnos a la vida de las personas, muchas de ellas no creyentes, no católicas, o que simplemente han dejado de lado su fe. Tenemos que empezar a pensar seriamente en ocupar espacios importantes en la radio, en la televisión, en la internet y en los demás medios masivos de comunicación; incluso empezar a soñar y repetir las mismas hazañas de la iglesia en siglos pasados, cuando tomábamos las fiestas paganas, las cristianizábamos y las convertíamos en fiestas de la iglesia; a tal punto, que le hicimos olvidar al mundo lo que significaron esas celebraciones en otros tiempos.

Para nadie es un secreto que los medios de comunicación se han convertido en la mayor forma de difundir el mal. Todos los días se presentan en nuestra televisión, con gran pompa y orgullo, la deshonestidad, la delincuencia, la violencia, la inmoralidad, y se le da fuerza a corrientes de pensamiento que atentan contra los valores familiares. Tristemente, los medios de comunicación se han convertido en la atalaya, donde ateos e inmorales propagan errores que socaban, día tras día, las bases morales y cristianas de la sociedad, mientras que los católicos nos quedamos esperando que ellos quieran preguntarnos nuestra opinión en algún noticiero, o rogando que en los quince segundos que nos den podamos impactar alguna conciencia.

Esta situación debe empezar a cambiar. Es hora de iniciar el trabajo por nuestros propios canales de televisión y estaciones de radio; si otros lo han hecho para presentar mentiras como si fueran verdades, ¡cuanto más lo tenemos que hacer nosotros para presentarle al mundo la verdad que puede sanar sus vidas! A todo este triste panorama se le suma una amenaza más: el gran crecimiento de los nuevos movimientos religiosos (sectas), de los cuales quisiéramos no hablar, pero al no hacerlo, nos estaríamos exponiendo a que nos suceda lo mismo que en algunos países de centro América en donde los cristianos católicos ya no somos la mayoría; tristemente podemos decir que se han convertido en Naciones protestantes, con la capacidad incluso de llegar a elegir presidentes. Los católicos no debemos bajar la guardia, tenemos que unir esfuerzos sin demora, para responder a estas situaciones, no con el ánimo de entrar en inútiles contiendas, más bien, con el fin de defender el enorme tesoro de la gracia que nos ha sido confiado.

En esta línea hemos enfocado todos nuestros esfuerzos. Nos encaminamos a la construcción de un canal de televisión que va a funcionar inicialmente a través de la internet, pero con la meta de convertirlo prontamente en un canal local que luego será llevado al satélite; de manera que el testimonio de nuestra fe pueda ser visto en muchas partes del mundo. Reconocemos que no es un camino sencillo, como tampoco lo fue el que emprendió nuestro Señor Jesucristo con la cruz a cuestas rumbo al calvario; con críticas, oposiciones, celos, envidias, pero hemos creído que vale la pena, porque la fe nos dice que “al final las intenciones del corazón quedaran al descubierto”.

En la actualidad hemos logrado interesantes avances, como la consecución de un equipo de producción de televisión, que es el mismo que usa el conocido canal RCN para sus producciones móviles. Hemos adquirido cámaras de televisión, con calidad que supera a los canales de televisión locales . En cuanto a la producción del contenido, estamos dando inicio a la realización de programas con un equipo conjunto de sacerdotes y laicos que comparten este sueño. Es de aclarar, que el objetivo de este canal de televisión no es engrandecer a una comunidad, asociación, grupo, fundación o persona; más bien, engrandecer la iglesia a través de sus procesos parroquiales de nueva evangelización y brindarle a las personas alimento espiritual en la intimidad de su hogar, enriquecido con una visión de iglesia. Además, hemos logrado desarrollar otro proyecto de comunicación de gran impacto como ha sido la producción de libros, folletos, cartillas y música con un contenido de tipo kerigmático que ha sido acogido de buena gana por miles de personas en todo el eje cafetero.

No podría terminar este artículo sin agradecer a Dios por el apoyo y la apertura de corazón de nuestro asesor espiritual y del Padre director del CECAM, en cuyas instalaciones hoy funcionan los estudios de televisión y la litografía. Pero, sobre todo, alabamos al Señor por nuestro Obispo, a quien la gracia de estado le permitió ver una gran bendición donde muchos vieron una amenaza. Su hermano en Cristo. William Zuluaga Ospina